
Este texto ayuda mucho en el intento de comprender una Filosofía antropológica, se los recomiendo.
Este pensador continuó con la línea de pensamiento del kantismo, durante su vida perteneció a la llamada “Escuela de Marburgo” en Alemania. Una de sus obras de divulgación fue la de Antropología Filosófica, en la que expone una introducción a la filosofía de la cultura y da fundamentos para aproximarse al estudio del hombre.
En la primera parte de dicha obra hace un análisis sobre qué es el hombre, dando así una aproximación antropológica y filosófica a su estudio y consideración. Comienza asegurando que el conocimiento del hombre se encuentra en crisis. Este filósofo pertenece al siglo XIX y XX, y él percibe que en su tiempo el hombre tiene muchos retos para conocerse tal cual es, para definirse, para ubicarse en el espacio y en el tiempo con certeza. La tarea principal de todo hombre es autoconocerse, tarea que se ve opacada por la crisis cultural y mundial (en cuanto al autoconocimiento y reconocimiento de la persona). “La autognosis constituye el propósito supremo de la indagación filosófica”
Autoconocerse es una de las labores más importantes de toda persona. En todas las formas de religión y en la diversidad de corrientes filosóficas, comenta el autor, la máxima “conócete a ti mismo”, se considera como un imperativo categórico, como una ley moral y religiosa definitiva. “El conocimiento de sí mismo no es considerado como un interés puramente teórico; no es un simple tema de curiosidad o de especulación; se reconoce como la obligación fundamental del hombre”. Para Cassirer, la exigencia de conocerse es necesaria puesto que permite al hombre aprehender la realidad y entender su sentido. Si una persona desconoce quién es y qué es, tendrá dificultad en captar los símbolos de la realidad, al no poder interpretarlos según su propio ser.
El hombre tiende a considerar el estrecho horizonte en el que vive como el centro del universo, y a convertir su vida particular y privada en pauta del universo. Es decir, el hombre tiende a interpretar la realidad, no a captarla tal como es dada, y la interpreta según su propio ser, según él (en cuanto especie humana), es así como interpreta la realidad de manera simbólica. El problema del conocimiento del hombre radica en que han aparecido tantas ciencias y disciplinas que lo estudian desde enfoques diversos, que el hombre los ve como partes separadas irreconciliables, y fragmenta su conocimiento, así, sin autoconocerse adecuadamente, no le es posible interpretar simbólicamente la realidad en todo su conjunto. “En ningún otro periodo del conocimiento humano, el hombre se hizo tan problemático para sí mismo como en nuestros días. Disponemos de una antropología científica, otra filosófica y otra teológica que se ignoran entre sí”.
Para entender al hombre, Cassirer propone una clave: el símbolo. Para este filósofo el hombre es un “animal simbólico”. Cada organismo es único, por así decir, monádico, posee un mundo propio, por lo que posee una experiencia personal particular. Los fenómenos que van apareciendo en la vida y que un ser percibe no son transferibles a otra especie, ni siquiera de hombre a hombre, cada experiencia es de carácter personal e intransferible. “En el mundo de una mosca, encontramos sólo cosas de mosca, en el mundo de un erizo de mar encontramos sólo cosas de erizo de mar”. Ahora bien, cada ser posee en sí la capacidad de interpretar la realidad y el mundo según su ser, así la mosca ve el mundo como mosca y ve “cosas de mosca”, luego pues, el hombre posee la capacidad de interpretar el mundo según su propio ser, ve el mundo como hombre, y como tal lo interpreta.
El hombre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla de frente tal cual es. La realidad física parece retroceder en la misma proporción que avanza su actividad simbólica. El hombre, en lugar de tratar con las cosas mismas, conversa constantemente consigo mismo. Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o en ritos religiosos, en tal forma que no pueden ver o conocer nada sino a través de la mediación de este medio artificial: los símbolos. La propuesta principal de Cassirer es la visión antropológica del hombre como “hombre simbólico”.
Es innegable, según Ernst Cassirer, que el pensamiento simbólico y la conducta simbólica se hallan entre los rasgos más característicos de la vida humana y que todo el progreso de la cultura se basa en estas condiciones. El autor asegura que este juego simbólico se desarrolla en el espacio y en el tiempo, donde se especifica la realidad. “No podemos concebir ninguna cosa real más que bajo las condiciones de espacio y tiempo”.[8] Concluye la primera parte de su libro marcando la distinción neta entre realidad y la posibilidad de las cosas. La capacidad del hombre de distinguir lo real de lo posible es una característica del conocimiento que lo especifica dentro de la cadena general del ser.
Ni para los seres por debajo del hombre ni para los que se hallan por encima de él existe la diferencia entre lo real y lo posible. Los seres por debajo del hombre se hallan confinados dentro del mundo de su percepción sensible, son susceptibles a los estímulos físicos presentes y reaccionan a estos estímulos, pero no pueden formar la idea de cosas “posibles”. Por otra parte, el intelecto sobrehumano, la mente divina, no conoce distinción entre realidad y posibilidad. Dios es acto puro: todo lo que concibe es real. Sólo en el hombre, en su “inteligencia derivada” surge el problema de la posibilidad. Este pensamiento posible lo realiza también de manera simbólica. “Este pensamiento simbólico supera la inercia natural del hombre y le dota de una nueva facultad: la de reajustar constantemente su universo humano”. (Ricardo Esteban, México)
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