jueves, 29 de octubre de 2026

Restitución del Ayllu: El camino de la descolonización, escrito por Carlos Mamani Condori e Igidio Naveda Félix

Interpretando el provocador texto de CARLOS MAMANI: 

El Ayllu no pide permiso: la descolonización no cabe en sus palacios

Santos Diamantino

29 de octubre de 2026.


Carlos Mamani nos presenta un texto altamente político y provocativo, cuando uno lee este texto termina tomando conciencia de lo que fue, es y será el ayllu para nuestras Naciones y Pueblos Indigena Originario campesino.


Mi interpretación de este texto comenzaría así: Basta de llamar “tradición” a lo que sigue vivo y en pie de lucha. El ayllu no es una reliquia de museo. No es una danza folclórica para adornar desfiles presidenciales, ni una frase decorativa en los discursos oficiales. El ayllu es territorio, autoridad, memoria ancestral y, sobre todo, poder político propio.


Mientras el Estado (sea cual sea su color) siga ofreciendo la limosna de la “inclusión”, el ayllu le planta en la cara una demanda mucho más incómoda: 

AUTODETERMINACIÓN.

La tesis de la jaula del sindicato y el engaño republicano

La colonia no sólo saqueó metales y tierras. Intentó algo más perverso: robar la capacidad de decidir. Convirtió a los mallkus en intermediarios fiscales, fragmentó los territorios e impuso lógicas ajenas para obligar a las comunidades a pedirle permiso a su propio despojador.


La República no rompió ese diseño; lo perfeccionó mediante el gamonalismo y la hacienda. Incluso después de la Revolución de 1952, el sindicato agrario operó en muchos casos como una nueva jaula: prometió emancipación, pero terminó subordinando la organización comunal al Estado, a los partidos y a una burocracia que hablaba en nombre del pueblo sin consultarlo.

DESCOLONIZAR NO ES UN ESLOGAN DE CAMPAÑA

No existe descolonización si solo cambia el apellido o el color de quien ocupa el poder.

  • Pintar las paredes no es liberar. No basta con “indigenizar” el lenguaje burocrático.

  • La estética no es soberanía. Poner símbolos andinos en los edificios estatales o decretar feriados folclóricos es maquillaje del poder.

  • Gobernar es recuperar el thakhi. Descolonizar es restituir a los pueblos la autoridad para caminar por sus propias reglas: cargos rotativos, decisiones colectivas, dualidad chacha-warmi y justicia propia.


El sumaq qamaña no es una marca gubernamental para exportar al extranjero. Es una acusación contra un modelo que reduce la dignidad humana al consumo, la propiedad privada y la sumisión al mercado. Frente al “vivir mejor” capitalista basado en la acumulación de unos pocos a costa de las mayorías, el ayllu exige responder: 


¿cómo vivir bien juntos sin destruir la tierra ni someter a los pueblos?

EL TERRITORIO ES PODER, NO MERCANCÍA

Cada vez que un tecnócrata o un empresario pronuncia la palabra “recurso natural”, la pregunta inmediata debe ser: ¿recurso para quién?


La montaña, el agua, la semilla y la tierra no son el inventario privado de las corporaciones ni simples concesiones administrativas del Estado. Para el ayllu, son parte de una comunidad de vida que no se vende. Por eso, la reconstitución territorial impulsada históricamente por organizaciones como el CONAMAQ no es un reclamo de reconocimiento cultural: es una disputa abierta por el poder real.


Las experiencias de los suyus demuestran que restituir el ayllu no es un romanticismo del pasado. Es una práctica política contemporánea y desafiante. Son comunidades recuperando fronteras ancestrales, levantando asambleas soberanas y gobernándose a sí mismas. En el momento en que los pueblos dejan de ser objetos de políticas públicas, se transforman en sujetos políticos difíciles de domesticar.

LAS PREGUNTAS QUE EL PODER EVADE

¿Cuántos Estados celebran hipócritamente la existencia de los pueblos indígenas mientras, en la práctica, les cercenan el territorio, la autonomía y la justicia propia?

¿Cuántos gobiernos de turno usan la bandera de la “interculturalidad” para maquillar y perpetuar la misma vieja jerarquía colonial de siempre?

¿Cuántos partidos aceptan al indígena únicamente como símbolo electoral, pero jamás como una autoridad con mando real?

El ayllu responde de manera tajante: no queremos que nos incluyan en su mundo colonial; exigimos que dejen de decidir sobre el nuestro.

La reconstitución no es un retroceso melancólico. Es avanzar con firmeza por el camino que el colonialismo intentó clausurar por la fuerza: reparar el tejido territorial, recuperar el mando propio y fundar una política donde el poder no se concentre en una élite burocrática, sino que se comparta y rote en la comunidad.


Como nos provoca la tesis de Carlos Mamani Condori e Igidio Naveda Félix: la verdadera descolonización jamás comenzará en un palacio de gobierno. Comienza abajo, cuando el pueblo recupera la palabra de manera autónoma, recupera el control de su territorio y ejerce la autoridad legítima para decidir su propio destino.



"Este recurso ha sido creado con mucho esfuerzo para que todos podamos beneficiarnos gratuitamente. Por favor, evita lucrar con el trabajo ajeno o redistribuirlo como propio; al hacerlo, pones en riesgo que sigamos compartiendo material de valor para la comunidad."




miércoles, 28 de octubre de 2026

La muerte y el Pujllay en la cosmovisión Yampara

Santos Diamantino

28 de octubre de 2026.
Es importante revalorizar nuestra cultura boliviana, especialmente las expresiones vivas de los pueblos originarios como el Yampara, en Chuquisaca. Su manera de comprender la muerte, los ancestros y la comunidad se expresa con singular fuerza en la festividad del Pujllay, particularmente en comunidades como Tarabuco.

En la cosmovisión andina, la muerte no se concibe como un final lineal, sino como un viaje o transición hacia el Ukhu Pacha, el mundo de abajo o de los espíritus, donde ocurre el reencuentro con los ancestros. Las qhamasas, también llamadas ayas, representan la energía, las almas o las fuerzas espirituales de los difuntos.

El mes de noviembre marca el inicio del Jallupacha, la época de lluvias y abundancia. En este periodo, se cree que las almas regresan a la Tierra para convivir con los vivos y contribuir a asegurar buenas cosechas. Así, la relación entre muertos y vivos no se entiende como separación, sino como una continuidad afectiva, ritual y productiva.

La Pukara: ofrenda y memoria colectiva
Las pukaras son estructuras ceremoniales que, en celebraciones cotidianas, no suelen superar los dos metros de altura. Sin embargo, en festividades mayores, como la Gran Pukara de Tarabuco, celebrada cada tercer domingo de marzo para cerrar el Pujllay, pueden alcanzar entre 10 y 15 metros, como se aprecia en las fotografías.

Tienen la forma de un gran altar o fortaleza, cubierta de productos agrícolas: hileras de papas, maíz, choclos, panes, carnes, quesos, frutas y flores. Funcionan como una ofrenda de agradecimiento a la Pachamama, la Madre Tierra, por su fertilidad, y también como homenaje a las almas de los caídos, especialmente en memoria de la Batalla de Jumbate de 1816.

Alrededor de la pukara se baila el Pujllay en círculos, acompañado por el sonido de los toclis y las tarcas. La danza no es únicamente una expresión festiva: es un acto ritual que vincula a la comunidad con sus ancestros, su territorio y su memoria histórica.

Los rituales funerarios actuales
Antiguamente, los Yamparas utilizaban chullpas como espacios funerarios. En la actualidad, entierran a sus difuntos en cementerios comunitarios o católicos, adaptándose a las leyes vigentes y al sincretismo religioso. Aun así, el entierro andino conserva prácticas propias y profundamente significativas.

Al fallecido se lo vela y se lo acompaña con ropa, objetos personales, comida o herramientas. Puesto que la muerte es entendida como un paso hacia otro plano, el alma necesita provisiones para su largo viaje hacia el Ukhu Pacha.

Después del entierro, la familia lava toda la ropa del difunto en el río. Este acto simboliza la despedida del rastro físico y ayuda a que el alma no permanezca atrapada ni sufra en este mundo. Los ancianos del ayllu, la comunidad, dirigen los rezos y los discursos solemnes, en los que se recuerda la vida completa del fallecido frente a todos. De este modo se mantiene viva la genealogía oral y la memoria colectiva del pueblo.

El regreso de las almas
El 2 de noviembre, al mediodía, marca un antes y un después en el mundo Yampara. Es el día en que las almas las qhamasas o ayas, reciben permiso para descender a la Tierra. Antropológicamente, esta fecha inaugura oficialmente la época del Pujllay y del Carnaval.

El Pujllay no es solo diversión: es una danza ritual profundamente conectada con los muertos. En las casas no predomina la tristeza, sino una febril preparación. Se levantan altares o mesas con panes con forma humana las t'antawawas, chicha, frutas y los platos favoritos del difunto.

La comunidad recibe a las almas recorriendo casa por casa, rezando y cantando para alimentarlas y “atenderlas”, pues se considera que llegan sedientas y hambrientas tras su viaje espiritual.

La Pukara de muertos
Si durante el año fallece alguien del ayllu, su familia levanta una Pukara de muertos en noviembre, dentro o fuera de la casa. Es una estructura en forma de arco o trenza, adornada con las primeras flores del campo y productos agrícolas.

Esta ofrenda honra al alma recién llegada y expresa que su partida no ha dejado vacío, sino abundancia y unidad en el ayllu. Alrededor de ella también se baila el Pujllay, reforzando el vínculo entre los vivos, el difunto y la comunidad.

La Gran Pukara de marzo, En marzo, tras meses de lluvias y crecimiento de los cultivos, se realiza la Gran Pukara. Cada tercer domingo de este mes, la comunidad levanta una imponente estructura comunitaria que puede alcanzar hasta 15 metros de altura.

A diferencia de la pukara de noviembre, dedicada a un difunto individual, esta es una ofrenda monumental a la Pachamama y un homenaje masivo a todos los ancestros y guerreros caídos en la historia de la región, incluidos los de la Batalla de Jumbate.

Al finalizar la fiesta, la pukara se “desmanda”, es decir, se desarma, y todos los alimentos se reparten solidariamente entre la comunidad. Con este acto, las almas se despiden contentas y bendicen la tierra para el próximo ciclo agrícola. Así se cierra un ciclo sagrado en el que vivos y muertos conviven, se alimentan mutuamente y celebran la vida a través del baile.








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sábado, 24 de octubre de 2026

CIENCIA, POLÍTICA Y PODER Napoleón, Hitler, Stalin y Eisenhower. José Manuel Sánchez Ron (2010)

 


El poder político controla y dirige la ciencia, no al revés. Los líderes usan el conocimiento científico como herramienta para sus objetivos (militares, ideológicos o de prestigio), mientras que los científicos suelen depender del apoyo del poder.

Napoleón: Fue el que más genuinamente valoró y apoyó la ciencia. La integró en sus campañas (especialmente la expedición a Egipto), impulsó instituciones como la École Polytechnique y recompensó a científicos. Representa un modelo de uso de la ciencia para el “imperio de la razón” y la conquista.
Hitler: Heredó una de las mejores estructuras científicas del mundo, pero la dañó gravemente con las purgas de científicos judíos y disidentes. Priorizó la ideología (“Deutsche Physik”) sobre el mérito científico y orientó la investigación hacia aplicaciones militares (cohetes V-2). Ejemplo claro de cómo la ideología puede empobrecer la ciencia.
Stalin: Subordinó la ciencia al marxismo-leninismo. Impuso el lysenkoísmo en biología (con graves consecuencias), pero fue pragmático cuando le interesaba (programa nuclear). Usó la ciencia como instrumento de propaganda e industrialización del Estado.
Eisenhower: Representa el contraste democrático. Gestionó la era nuclear y la Guerra Fría, impulsó la NASA tras el Sputnik y advirtió en su discurso de despedida sobre el peligro del complejo militar-industrial. Muestra tanto el uso estratégico de la ciencia como la necesidad de controles democráticos.

La ciencia genera conocimiento y capacidad técnica, pero el verdadero poder reside en quienes deciden qué se investiga, con qué recursos y para qué fines. Los regímenes autoritarios tienden a distorsionarla ideológicamente; los democráticos la usan con menos control absoluto, pero tampoco están libres de riesgos.


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sábado, 17 de octubre de 2026

Crítica de la razón Boliviana de Juan José Bautista

 


Crítica de la razón boliviana. Elementos para una crítica de la subjetividad del boliviano con conciencia colonial, moderna y latinoamericana, obra del filósofo boliviano Juan José Bautista Segales.
Por qué creo que es importante:
J. Bautista sostiene que gran parte de la forma de pensar en Bolivia reproduce esquemas coloniales incluso después de la independencia.
La dominación colonial no sería solo económica o política, sino también cultural y epistemológica.
En su texto dialoga con autores como Marx, Hegel, Dussel y la filosofía de la liberación. Argumenta que la modernidad europea se presentó como universal, pero en realidad fue construida desde una experiencia histórica particular.
Analiza cómo el boliviano puede interiorizar valores coloniales y reproducir relaciones de dominación.
Examina tensiones entre lo indígena, lo mestizo, lo criollo y lo moderno.
Propone pensar desde América Latina y desde las experiencias históricas de los pueblos indígenas.
Pienso que es interesante Bautista, porque busca una racionalidad alternativa que no dependa exclusivamente de categorías europeas.


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jueves, 15 de octubre de 2026

¿Quién paga el precio de la crisis en Bolivia?

 


¿Quién paga el precio de la crisis en Bolivia?

Reflexiones

Por Santos Diamantino.

15 de octubre del 2026

Escribir sobre economía en Bolivia hoy se ha convertido en un doloroso ejercicio de contrastes. Por un lado, está la cruda realidad de la calle, donde la matemática no miente: el dinero ya no alcanza, los alimentos se duplican y la vida diaria de las mayorías se ha transformado en una persistente estrategia de supervivencia. Por el otro, está la burbuja del sector político, un espacio blindado donde las autoridades perciben salarios mensuales fijos de cinco cifras, totalmente ajenos a la angustia del ciudadano común.

Durante las últimas semanas, los informes de organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y las alertas del Fondo Monetario Internacional (FMI) han terminado por confirmar el colapso estructural: Bolivia es la única economía de Sudamérica atrapada en una profunda recesión, proyectando una contracción de entre el -2,8% y el -3,6% del PIB para el cierre del año.

Pero mientras las reservas de dólares caen y el ciudadano promedio hace malabares con un Salario Mínimo Nacional fijado por el Estado en Bs 3.300 (del cual carecen millones de trabajadores informales), las planillas del aparato político exponen una asfixiante e insultante brecha social.

La indignación colectiva estalla al revisar las escalas salariales del poder. Mientras la gente se debate entre comer o comprar remedios, un asambleísta nacional (diputado o senador titular) percibe un sueldo fijo mensual de Bs 23.310. 

En el Ejecutivo, el Presidente del Estado goza de un haber oficial de Bs 24.978, y el Estado continúa erogando rentas vitalicias que rondan los Bs 30.000 mensuales para mantener el retiro de los expresidentes.

En las regiones la realidad no es distinta: los Gobernadores departamentales perciben haberes fijos que van desde los Bs 12.556 hasta los Bs 19.859 en los casos más altos, mientras que los Concejales municipales de las grandes ciudades del eje central cobran dietas que rivalizan con las de un legislador nacional.

Es a la enorme masa de bolivianos independientes (los gremiales, los productores, los transportistas, los quichiris de coca, los que lavan autos, los que venden dulces, los minibuseros, taxistas, personas que cocinan en los agachaditos, personas que venden quesos o dulces en la veredas de las calles,  los que verdaderamente “viven al día”) a quienes la recesión está ahogando sin piedad. 

El violento encarecimiento de la gasolina y el diésel que para algunos se ha vuelto incomprable, no es un dato de oficina; es un golpe directo en cadena. Al subir el combustible, aumentan los pasajes y los fletes de carga. Quienes traen sus productos del campo a los centros urbanos se ven obligados a elevar los precios para no perder su escaso capital.

El resultado final lo paga el estómago del pueblo: el pollo, el arroz, el aceite y las verduras indispensables se están volviendo artículos de lujo. ¡Reflexionen señores autoridades!

Pero el drama más violento ocurre en el ámbito de la salud. Al no haber dólares en las farmacias y hospitales, la importación de insumos médicos y fármacos esenciales se ha encarecido a niveles prohibitivos. Para el boliviano de a pie, que no cuenta con un sueldo estable ni goza de un seguro médico patronal, enfermarse hoy representa una sentencia de quiebra familiar.

Por si fuera poco, los planes estatales de indexar y elevar las tarifas de servicios básicos esenciales como el gas domiciliario y la energía eléctrica se sienten en las calles como una estocada de gracia. Pareciera que las políticas de ajuste fiscal están fríamente diseñadas para trasladar todo el peso de la crisis hacia los hombros del sector desprotegido.

A este panorama desolador se suma la cruda realidad de una juventud profesional atrapada en el desempleo institucionalizado. Año tras año, miles de jóvenes bolivianos egresan de las universidades con títulos bajo el brazo, solo para estrellarse contra un mercado laboral completamente saturado, precarizado y carente de oportunidades genuinas. 

Sin palancas políticas o familiares, el título profesional se ha convertido en un adorno de pared. 

La falta de políticas de inserción laboral han consolidado un escenario perverso: Bolivia posee una de las tasas de informalidad laboral más altas del mundo, superando el 80%, según el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA). En este ecosistema de precarización, el subempleo profesional es la norma y no la excepción.

Hoy, una generación entera de jóvenes titulados (ingenieros, abogados, médicos y licenciados) se estrella contra un mercado donde apenas 2 de cada 10 profesionales logran conseguir un trabajo formal relacionado con su carrera. Los restantes 8 se ven obligados a refugiarse en el comercio informal, a manejar un taxi por aplicación o a engrosar las filas del subempleo sin derechos laborales ni aportes de jubilación para poder subsistir. 

El título universitario dejó de ser un motor de ascenso social para convertirse en un papel archivado, obligando a miles de profesionales a vivir de la misma incertidumbre del día a día mientras la burocracia estatal consume los recursos del país.

La rabia social no nace de consignas ideológicas abstractas; nace de ver a una clase gobernante que exige austeridad al pueblo desde la comodidad de sus privilegios blindados. Bolivia no resistirá más discursos de estabilidad ficticia ni parches temporales. Una lectura seria de este momento exige entender que el descontento popular es legítimo y urgente. Es imperativo congelar las tarifas básicas, priorizar dólares exclusivos para el sector salud y recortar de verdad los privilegios de los de arriba.

El hambre del pueblo que vive al día no puede seguir financiando la comodidad del palacio.

miércoles, 14 de octubre de 2026

VAMPIRAS INDIGENAS

 


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martes, 13 de octubre de 2026

El Marx que Occidente ocultó: El manuscrito secreto de 1851

El Marx que Occidente ocultó: El manuscrito secreto de 1851

¿Y si nos hubieran enseñado al Marx equivocado? Durante décadas, la academia tradicional nos vendió la idea de un Karl Marx puramente eurocéntrico, un pensador obsesionado únicamente con las fábricas inglesas, los obreros de París y el destino de Europa. Pero en 2019, una publicación pateó el tablero de la teoría política global.
La Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia sacó a la luz Colonialismo. Cuaderno de Londres N.º XIV, 1851 (Inédito). No estás ante un manual de instrucciones ni una obra digerida; estás abriendo la puerta trasera del laboratorio mental de Marx.

El taller secreto en el Museo Británico

Imagina la escena: Londres, entre julio y septiembre de 1851. Marx está refugiado en la biblioteca del Museo Británico. No está escribiendo teoría abstracta; está devorando con furia las crónicas del despojo mundial. Este cuaderno es el registro vivo de sus lecturas, sus resúmenes manuscritos y sus notas más viscerales sobre cómo se construyó el mercado global.
Marx no miraba a Europa; miraba los mapas del saqueo:
• América: Analizando las sangrientas conquistas de México y Perú.
• Asia y África: Desmenuzando el impacto de la bota británica en la India y las redes comerciales que asfixiaban al continente africano.
• Oceanía: Estudiando la colonización sistemática en Australia y Nueva Zelanda.

El diálogo con los ideólogos del Imperio

Para entender al monstruo, Marx leyó a sus propios arquitectos. Este cuaderno reúne sus minuciosas fichas de lectura y extractos de los historiadores y economistas coloniales más influyentes de la época: William H. Prescott, Herman Merivale, Edward Gibbon Wakefield, Thomas Hodgkin, William Howitt y Henry Brougham. Marx traduce, anota y desmantela sus lógicas en tiempo real.
Lo que descubrió en 1851 cambia por completo la historia oficial. Este texto demuestra un interés tempranísimo por lo que la economía clásica llamaba "atraso": los modos de producción precapitalistas y las formas de propiedad comunal. Marx no vio en las comunidades indígenas un pasado obsoleto, sino estructuras destruidas violentamente para inyectarle sangre al capitalismo naciente. El libro te muestra con peras y manzanas el impacto bidireccional de la colonización: la miseria absoluta inyectada en las colonias fue exactamente la riqueza que financió la opulencia de las metrópolis europeas.

Una brújula decolonial para el presente

Con una presentación y un brillante análisis introductorio del académico boliviano Farit Limbert Rojas Tudela, esta edición no es un fetiche para archivar en la biblioteca; es una provocación teórica. Es la prueba irrefutable de que la crítica al capitalismo nació de comprender el despojo colonial del Sur Global.

Si quieres entender por qué el mundo actual sigue dividido entre países que asfixian y países asfixiados, tienes que ir al origen del diagnóstico. El Cuaderno XIV es la pieza que faltaba en el rompecabezas. No dejes que te lo cuenten. Hay que leer a Marx desde las venas abiertas del mundo. 

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