Santos Diamantino (Filósofo y Antropólogo)
Profesional de la cultura con amplia trayectoria como gestor y asesor en temas culturales, especializado en la preservación del patrimonio material e inmaterial. Experto en el diseño y ejecución de proyectos educativos y políticos, cuenta con una sólida experiencia como docente universitario en las facultades de Educación, Historia, Sociología, Filosofía, Ciencia Política y Ciencias de la Comunicación Social. Para consultas profesionales, puede ser contactado vía email: santosdtno@gmail.com
sábado, 17 de octubre de 2026
Crítica de la razón Boliviana de Juan José Bautista
jueves, 15 de octubre de 2026
¿Quién paga el precio de la crisis en Bolivia?
¿Quién paga el precio de la crisis en Bolivia?
Reflexiones
Por Santos Diamantino.
15 de octubre del 2026
Escribir sobre economía en Bolivia hoy se ha convertido en un doloroso ejercicio de contrastes. Por un lado, está la cruda realidad de la calle, donde la matemática no miente: el dinero ya no alcanza, los alimentos se duplican y la vida diaria de las mayorías se ha transformado en una persistente estrategia de supervivencia. Por el otro, está la burbuja del sector político, un espacio blindado donde las autoridades perciben salarios mensuales fijos de cinco cifras, totalmente ajenos a la angustia del ciudadano común.
Durante las últimas semanas, los informes de organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y las alertas del Fondo Monetario Internacional (FMI) han terminado por confirmar el colapso estructural: Bolivia es la única economía de Sudamérica atrapada en una profunda recesión, proyectando una contracción de entre el -2,8% y el -3,6% del PIB para el cierre del año.
Pero mientras las reservas de dólares caen y el ciudadano promedio hace malabares con un Salario Mínimo Nacional fijado por el Estado en Bs 3.300 (del cual carecen millones de trabajadores informales), las planillas del aparato político exponen una asfixiante e insultante brecha social.
La indignación colectiva estalla al revisar las escalas salariales del poder. Mientras la gente se debate entre comer o comprar remedios, un asambleísta nacional (diputado o senador titular) percibe un sueldo fijo mensual de Bs 23.310.
En el Ejecutivo, el Presidente del Estado goza de un haber oficial de Bs 24.978, y el Estado continúa erogando rentas vitalicias que rondan los Bs 30.000 mensuales para mantener el retiro de los expresidentes.
En las regiones la realidad no es distinta: los Gobernadores departamentales perciben haberes fijos que van desde los Bs 12.556 hasta los Bs 19.859 en los casos más altos, mientras que los Concejales municipales de las grandes ciudades del eje central cobran dietas que rivalizan con las de un legislador nacional.
Es a la enorme masa de bolivianos independientes (los gremiales, los productores, los transportistas, los quichiris de coca, los que lavan autos, los que venden dulces, los minibuseros, taxistas, personas que cocinan en los agachaditos, personas que venden quesos o dulces en la veredas de las calles, los que verdaderamente “viven al día”) a quienes la recesión está ahogando sin piedad.
El violento encarecimiento de la gasolina y el diésel que para algunos se ha vuelto incomprable, no es un dato de oficina; es un golpe directo en cadena. Al subir el combustible, aumentan los pasajes y los fletes de carga. Quienes traen sus productos del campo a los centros urbanos se ven obligados a elevar los precios para no perder su escaso capital.
El resultado final lo paga el estómago del pueblo: el pollo, el arroz, el aceite y las verduras indispensables se están volviendo artículos de lujo. ¡Reflexionen señores autoridades!
Pero el drama más violento ocurre en el ámbito de la salud. Al no haber dólares en las farmacias y hospitales, la importación de insumos médicos y fármacos esenciales se ha encarecido a niveles prohibitivos. Para el boliviano de a pie, que no cuenta con un sueldo estable ni goza de un seguro médico patronal, enfermarse hoy representa una sentencia de quiebra familiar.
Por si fuera poco, los planes estatales de indexar y elevar las tarifas de servicios básicos esenciales como el gas domiciliario y la energía eléctrica se sienten en las calles como una estocada de gracia. Pareciera que las políticas de ajuste fiscal están fríamente diseñadas para trasladar todo el peso de la crisis hacia los hombros del sector desprotegido.
A este panorama desolador se suma la cruda realidad de una juventud profesional atrapada en el desempleo institucionalizado. Año tras año, miles de jóvenes bolivianos egresan de las universidades con títulos bajo el brazo, solo para estrellarse contra un mercado laboral completamente saturado, precarizado y carente de oportunidades genuinas.
Sin palancas políticas o familiares, el título profesional se ha convertido en un adorno de pared.
La falta de políticas de inserción laboral han consolidado un escenario perverso: Bolivia posee una de las tasas de informalidad laboral más altas del mundo, superando el 80%, según el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA). En este ecosistema de precarización, el subempleo profesional es la norma y no la excepción.
Hoy, una generación entera de jóvenes titulados (ingenieros, abogados, médicos y licenciados) se estrella contra un mercado donde apenas 2 de cada 10 profesionales logran conseguir un trabajo formal relacionado con su carrera. Los restantes 8 se ven obligados a refugiarse en el comercio informal, a manejar un taxi por aplicación o a engrosar las filas del subempleo sin derechos laborales ni aportes de jubilación para poder subsistir.
El título universitario dejó de ser un motor de ascenso social para convertirse en un papel archivado, obligando a miles de profesionales a vivir de la misma incertidumbre del día a día mientras la burocracia estatal consume los recursos del país.
La rabia social no nace de consignas ideológicas abstractas; nace de ver a una clase gobernante que exige austeridad al pueblo desde la comodidad de sus privilegios blindados. Bolivia no resistirá más discursos de estabilidad ficticia ni parches temporales. Una lectura seria de este momento exige entender que el descontento popular es legítimo y urgente. Es imperativo congelar las tarifas básicas, priorizar dólares exclusivos para el sector salud y recortar de verdad los privilegios de los de arriba.
El hambre del pueblo que vive al día no puede seguir financiando la comodidad del palacio.
miércoles, 14 de octubre de 2026
VAMPIRAS INDIGENAS
"Este recurso ha sido creado con mucho esfuerzo para que todos podamos beneficiarnos gratuitamente. Por favor, evita lucrar con el trabajo ajeno o redistribuirlo como propio; al hacerlo, pones en riesgo que sigamos compartiendo material de valor para la comunidad."
martes, 13 de octubre de 2026
El Marx que Occidente ocultó: El manuscrito secreto de 1851
domingo, 11 de octubre de 2026
El valor de Adela Zamudio en la billetera y la memoria de Bolivia
Cada 11 de octubre, Bolivia se detiene para conmemorar el Día de la Mujer Boliviana. La fecha no es casual: es un homenaje directo al nacimiento de Adela Zamudio (1854–1928), una mujer que desafió la mentalidad de los siglos XIX y XX con la única arma que tenía a mano: su pluma. Sin embargo, al mirar la realidad actual, vale la pena preguntarse si como sociedad estamos honrando su legado con acciones concretas o si hemos convertido la fecha en un simple acto protocolar.
Para entender la magnitud de Zamudio, no basta con recordarla como poetisa. Hay que mirar los datos históricos y económicos que conectan su pasado con nuestro presente.
El peso de la historia: De la persecución al billete verde
Adela Zamudio, bajo el seudónimo de "Soledad", fue una de las intelectuales más incómodas de su época. En 1903, protagonizó un histórico debate público contra el clero cochabambino al defender la necesidad de una educación laica, el matrimonio civil y el derecho al divorcio. La respuesta de los sectores conservadores fue feroz, acusándola de "hereje". Lejos de rendirse, en 1916 fundó el Liceo de Señoritas en Cochabamba, demostrando que la educación era la única vía para la emancipación femenina.
Su impacto civil fue tan profundo que el Estado boliviano terminó reconociendo su valor en dos hitos históricos:
El Decreto de 1980: La presidenta Lidia Gueiler Tejada promulgó el Decreto Supremo Nº 17750, institucionalizando el 11 de octubre como el Día de la Mujer Boliviana, otorgando además un feriado con goce de haberes para las trabajadoras. El objetivo original no era el descanso, sino propiciar espacios de debate y reflexión sobre la equidad de género.
El billete de 5 Bolivianos (1986): Bajo la Ley 901, el Banco Central de Bolivia colocó el rostro de Adela Zamudio en el billete verde de 5 Bolivianos. Durante casi dos décadas, el rostro de la mayor defensora de los derechos de las mujeres circuló por las manos de millones de bolivianos, uniendo la economía con la justicia histórica.
La devaluación del mensaje en la Bolivia actual
Hoy en día, el billete de 5 Bolivianos ha dejado de circular, reemplazado por la moneda bimetálica. De forma paralela, muchos analistas temen que el mensaje de Zamudio haya sufrido una devaluación similar.
Cuando Zamudio escribió su célebre poema «Nacer hombre», denunció con ironía la doble moral de un sistema donde un hombre incompetente tenía más derechos políticos y respeto social que una mujer brillante:
“Una mujer superior / en elecciones no vota, / y vota el pillo peor; / con tal que sepa firmar / porque es hombre.”
En la Bolivia actual, las mujeres han conquistado el voto y la paridad en las listas electorales, pero las estructuras de fondo muestran que los desafíos persisten. Su novela epistolar «Íntimas» (1913), que criticaba cómo la sociedad juzgaba y asfixiaba la vida privada de las mujeres, encuentra un eco innegable en el actual linchamiento digital y el juicio moral que sufren las mujeres en las redes sociales modernas.
Una provocación al futuro
Celebrar el 11 de octubre no debería reducirse a la entrega de flores o felicitaciones corporativas. El mejor homenaje a la educadora que revolucionó las aulas y a la presidenta que firmó su decreto bajo la sombra de las dictaduras de los 80, es reactivar el debate con datos reales.
La Bolivia actual necesita mirar las estadísticas de empleo, la brecha salarial en el sector informal y las alarmantes cifras de violencia familiar para entender que el legado de Zamudio sigue siendo una tarea pendiente. Conservar su memoria no es recordar con nostalgia un viejo billete verde; es trabajar para que en nuestro país el talento, la seguridad y el éxito de una persona dejen de depender del simple hecho de nacer hombre.
martes, 6 de octubre de 2026
Gerda Lerner LA CREACIÓN DEL PATRIARCADO
Marxismo y arqueología, escrito por Julio Montané y publicado por Ediciones de Cultura Popular en México (1980), con prólogo de Luis Felipe Bate.
Aspectos principales:
- Obra y contexto teórico: Constituye un análisis conceptual orientado a fundamentar la investigación arqueológica desde el marco del materialismo histórico y la dialéctica.
- Relación entre el ser humano y la naturaleza: Plantea que el ser humano es un ser social que transforma la naturaleza mediante la acción consciente, mediada y teleológica. Si bien el ser humano posee un nivel biológico, sus relaciones y leyes sociales condicionan y regulan dicho comportamiento.
- El proceso de trabajo y las fuerzas productivas: Examina minuciosamente los elementos del proceso de trabajo, distinguiendo entre la fuerza de trabajo, los objetos de trabajo, las materias primas, los medios e instrumentos de trabajo, y cómo el trabajo vivo materializado se convierte en herencia social y progreso histórico.
- Modos de producción y organización social: Categoriza el desarrollo de las sociedades en modos de producción de tipo apropiador y de tipo productor (subdivididos en preclasistas, clasistas y posclasistas). Explora además el surgimiento de la división del trabajo, la propiedad privada, la alienación, el Estado, el derecho y la ideología.
- Metodología y niveles de análisis arqueológico: Concibe al arqueólogo como un científico social e historiador que examina la cultura material a través de tres niveles de cualidades de los objetos: físicas/formales, funcionales (valor de uso) y en sistema (relaciones integrales y valor de cambio).
"Este recurso ha sido creado con mucho esfuerzo para que todos podamos beneficiarnos gratuitamente. Por favor, evita lucrar con el trabajo ajeno o redistribuirlo como propio; al hacerlo, pones en riesgo que sigamos compartiendo material de valor para la comunidad."





