La ilusión del libre mercado (Neoliberalismo): La receta que promete salvar las cuentas y quebrar las calles
Por Santos Diamantino
4 de junio de 2026
Introducción
Bolivia se asoma a una encrucijada donde las fórmulas teóricas chocan de frente con la realidad palpable de sus calles. El debate sobre una apertura radical y la adopción de políticas de corte liberal o neoliberal deja de ser una discusión académica para convertirse en un escenario de alto riesgo económico y social.
1. El mito del manual en una economía sustentada por la informalidad
Las teorías liberales clásicas nacen y se estructuran para entornos económicos institucionalizados: mercados bancarizados, industrias consolidadas y un empleo formal mayoritario donde los incentivos fiscales traducen dinámicas de contratación corporativa. En Bolivia, donde cerca del 85% de la población activa subsiste en la informalidad (gremiales, transportistas y microempresarios), la desregulación absoluta no genera estabilidad de forma automática.
Al contrario, retirar la presencia reguladora del Estado desprotege a millones de trabajadores que carecen de redes de seguridad social, contratos o fondos de jubilación. Lejos de incentivar la formalización, la apertura desmedida expone a este motor de subsistencia al desamparo frente a monopolios comerciales e importaciones masivas que asfixian la producción local.
2. La ilusión cambiaria y el costo real de extirpar los subsidios
El discurso del libre mercado insiste en que la eliminación de los controles cambiarios y el retiro de las subvenciones (particularmente a los carburantes) son los únicos mecanismos válidos para sanear las cuentas fiscales. Sin embargo, la aplicación inmediata de estas terapias genera un shock inflacionario de proporciones destructivas.
Debido a la alta dependencia de insumos importados y bienes terminados, una devaluación abrupta del boliviano indexa de forma automática los precios internos a las cotizaciones del mercado informal de divisas. El resultado no es el equilibrio, sino la disolución del poder adquisitivo, el encarecimiento inmediato de la canasta básica y la pulverización del ahorro de las familias de a pie.
3. La inviabilidad institucional de la austeridad
En el mapa político, Bolivia posee una de las culturas de movilización y resistencia social más dinámicas de la región. La reducción del gasto público y el repliegue de los servicios del Estado no se perciben como medidas de eficiencia técnica, sino como un ataque directo al bienestar social.
Cualquier intento de implementar un ajuste severo desencadena una respuesta casi inmediata: bloqueos de carreteras troncales, paros cívicos y marchas multitudinarias coordinadas por sindicatos y movimientos indígenas, como está pasando hoy. La historia reciente demuestra que sostener un esquema de mercado puro bajo estas condiciones exige un nivel de control coercitivo que debilita las bases democráticas del país, logrando el efecto opuesto al buscado: ahuyentar la certidumbre jurídica y la inversión extranjera.
Preguntas para el debate
Para confrontar las posturas que defienden la aplicación dogmática de este modelo, quedan abiertas las siguientes interrogantes sobre la viabilidad de la propuesta liberal y neoliberal:
Frente al empleo
Si más de ocho de cada diez bolivianos dependen del comercio informal y del ingreso diario para subsistir, ¿cómo absorberá este sector un shock inflacionario drástico si se desmantelan por completo los amortiguadores del Estado?
Frente a la paz social
¿Qué mecanismos de gobernabilidad prevé un programa liberal cuando las principales organizaciones sociales paralicen los ejes logísticos del país al primer intento de liberar el precio, como ocurrió con los carburantes y otros?
Frente al valor de la moneda
Si se libera el tipo de cambio sin reservas líquidas suficientes, ¿cuál es la estrategia para evitar que la depreciación monetaria arrastre a la población vulnerable por debajo de la línea de la pobreza extrema?
Frente a los recursos estratégicos
¿Garantiza la transferencia de la gestión de recursos clave como el litio o los hidrocarburos al capital extranjero un desarrollo distributivo real, o perpetúa el rol histórico del país como simple proveedor de materias primas?