¿EL MODELO EXITOSO O LA GRAN MENTIRA? LAS DOS BOLIVIAS QUE EL PODER NOS QUIERE OCULTAR
Nos vendieron un paraíso de asfalto y estadísticas maquilladas, pero la realidad nacional camina descalza. Mientras los discursos oficiales se llenan de soberanía, estabilidad y un supuesto "modelo exitoso", los datos de la Fundación Jubileo descorren el velo de una Bolivia sumida en el engaño masivo: existen entre 800.000 y 1,2 millones de compatriotas pobres que el Gobierno simplemente ha borrado del mapa borrando la inflación de las fórmulas. No son números; son familias enteras invisibilizadas para sostener un relato político moribundo.
La propaganda estatal habla de una clase media histórica que abarca al 59% de la población. Mentira. Al ajustar el costo de vida real, esa cifra se desploma, dejando al descubierto una clase media frágil, asfixiada y a un solo shock económico de caer en el abismo de la miseria. Vivimos bajo un espejismo estadístico donde los bonos sociales —Juancito Pinto, Renta Dignidad, Juana Azurduy— operan como analgésicos para una enfermedad terminal. Alivian el dolor momentáneo, pero mantienen intactas las estructuras de la ignorancia, el empleo informal y la nula productividad. Se usan los recursos públicos para contener el descontento y asegurar el voto, no para emancipar al ciudadano.
El rostro de la Bolivia olvidada sigue siendo el mismo de hace siglos: mujer, joven, indígena, abandonada en el área rural y atrapada en el subempleo. En el campo, casi el 30% de nuestros hermanos vive en la pobreza extrema, frente a un 6% en las ciudades. ¿De qué plurinacionalidad nos hablan cuando el territorio define si tienes derecho a progresar o estás condenado a la miseria? La fractura social es total. Peor aún: más de la mitad de los hogares bolivianos (58,5%) pasa las noches con el temor sembrado en el estómago de quedarse sin alimentos, y un alarmante 13,2% ya sabe lo que es sentir hambre real y no tener qué comer.
El modelo no redistribuye riqueza; redistribuye migajas mientras destruye el aparato productivo sostenible. Nos enfrentamos a un retroceso social histórico sin precedentes. La complacencia política nos está costando el futuro de las siguientes generaciones. Si tenemos que preocuparnos según este informe de la Fundación Jubileo.
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