domingo, 17 de enero de 2021

Descargue el texto: El fundamento ético del Utilitarismo.

Y si puede dudarse de que un carácter noble sea siempre más feliz por su nobleza, no cabe duda de que hace más felices a los demás, y que el mundo en general gana inmensamente con ello. El utilitarismo, por tanto, sólo podría alcanzar su fin con el cultivo general de la nobleza de carácter, si cada individuo se beneficiara solamente de la nobleza de los otros, y la suya propia, en lo que a la felicidad concierne, fuera una pura consecuencia del beneficio.

John Stuart Mill, El utilitarismo.


PROLOGO DEL DOCTOR JAIME MARTINEZ 

Santos Diamantino es licenciado en filosofía, y, como tal, quiere contribuir con su propio pensamiento a la afanosa búsqueda de la verdad, o responderse a sí mismo por el  motivo de la presencia del hombre en el mundo y saber el motivo por el que ha venido. Problemas tan antiguos como el mismo hombre, pero, que a medida que se añejan en el tiempo, con el pensamiento de célebres filósofos se vuelven un licor que los hombres de pensamiento quieren probar una y otra vez, para ver, si al final encuentran una respuesta adecuada que les ilumine el sendero vital de la propia existencia. Con ese interés, Santos Diamantino se introduce en la obra de John Stuart Mill, de allí toma una porción de su pensamiento: el o los fundamentos éticos del utilitarismo de este filósofo, y los analiza a la luz de su propia convicción filosófica.

¿Hay un fundamento ético en esa obra? Santos Diamantino nos da algunas bases del utilitarismo: dice que se origina en el impulso que siente el ser humano por encontrar la felicidad, para lo cual se vuelca sobre sí mismo en busca de lo valioso que le sirva de apoyo en el camino de su vida, es decir, busca lo útil, lo inmediato importante para él. La pregunta, en este caso, es: ¿El hombre puede  encontrar la felicidad? La respuesta es un sí. Se lo puede encontrar en el placer individual pues la felicidad es la ausencia de dolor y la presencia del placer en una persona. Esto es lo positivo, lo útil, tratar de tener una vida lo más placentera posible; es, pues buscar lo útil inmediato, lo que me sirve aquí y ahora; lo que no sirve para la felicidad no merece atención alguna. Lo bueno es lo que se desea y es agradable cuando es poseído. Pero en Stuart Mill no termina ahí la tarea del hombre en la vida, sino, que quiere extender esa felicidad a los demás, ponerla al alcance de todos, puesto que el ser humano encontrará su felicidad lo más completamente posible al establecer una armonía entre el placer y la felicidad individual con la armonía pública, con y en la felicidad social del hombre en el mundo. De ahí nace el utilitarismo individualista con tinte social.

Ese postulado ha dado origen a la sociedad capitalista, ha generado el avance tecnológico porque es necesario establecer un mundo feliz al alcance de todos. La tecnología utilizada individual y utilitariamente por el empresario, para conseguir ganancias se extiende al grupo humano en general, al darle productos fabricados en serie, a menor precio, haciendo que la vida se le vuelva más fácil y más confortable, con ganancia para el individuo que invierte su capital en la tecnología, y con ganancia para el consumidor que tiene mejor calidad de vida, teóricamente, a bajo costo. De esta manera el individualismo utilitarista se disfraza de ser generoso para la sociedad, ocultando que, en realidad, considera al hombre no como persona, sino como una cifra en el balance de ganancias y pérdidas de su afán de ganancias a ultranza Por eso no vacila en sacrificar al ser humano al cerrarle sus horizontes vitales en los lindes de este mundo; lo enceguece  al mundo espiritual, le limita, y aún, le corta la trascendía, la capacidad de encontrar la verdad y lo restringe al tiempo humano. Su postulado es: la felicidad comienza con el nacimiento y termina con la muerte, fin total de la realidad existencial.

Frente a ese postulado, Santos Diamantino opone el Sermón de la Montaña, conocido también como las bienaventuranzas. Pensamiento diametralmente opuesto al anterior, pues si el utilitarismo reduce al hombre a su propia esfera y lo limita en sí mismo; el cristianismo postula que el ser humano es trascendente, por lo tanto abierto al otro y a lo otro. Se abre a lo otro con su hambre de conocimiento del mundo y cuanto esté fuera de su propia persona, es decir, es un ser con vocación de buscador de la verdad; se abre al otro comenzando por el otro por excelencia, que es Dios; quien lo atrae con fuerza para que se enlace con el otro hombre, con su prójimo, para, juntos, hacerse más humanos, y en esta labor, conseguir hasta donde se pueda la verdad y la justicia, especialmente la justicia social. Por tanto no puede quedarse encerrado en los límites de su yo sino abrirse al nosotros.

Santos Diamantino nos dice que el hombre está dotado de libertad, con la cual acepta o rechaza valores ajenos; y, en el ámbito de la Bienaventuranzas el pobre es rico en espíritu; mientras el rico es pobre en espíritu. Nuestro autor afirma “La libertad hace del hombre un sujeto moral y sus fuentes son el objeto elegido, la intención y las circunstancias de la acción”. Por lo tanto plantea una moral y una ética objetiva, donde el individuo se subordina a la ley moral, porque ésta es la brújula que nos orienta hacia el  objetivo  del bien fundamental de toda existencia: Dios, quien nos quiere ver felices, mandando que construyamos la felicidad del otro paralelamente a la nuestra; para ello hay que utilizar libremente el acto humano orientándolo hacia el amor, que, por sí mismo es una apertura del yo al tú, ya que lo cobija en el corazón. Por eso en el amor muere el egoísmo.

Santos Diamantino hace algunos reparos al pensamiento de Stuart Mil, basándose en Marcel Mauss, como no hablar de la reciprocidad, principio utilitario generador de sistemas de relación “(…) que ha surgido de la necesidad de sentirse seguros, genera progreso que relaciona la fuerza humana en solidaridad utilitaria, y da importancia al otro.” Lo hace con el intercambio de bienes y servicios, en un tácito contrato  de yo te doy, tú me devuelves.

Estamos ante un libro que nos introduce en una parte del pensamiento de John Stuart Mill con la contribución de un joven pensador, que quiere lanzarse al aire con las alas recién estrenadas.    

Jaime Martínez Salguero

Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.

Poeta, Novelista, Cuentista y Ensayista.

La Paz, viernes 08 de mayo 2015




Link para la descarga del documento:

https://drive.google.com/file/d/15oFL2XhPX1DJ-d_RQYTDM-PHL81XYAJA/view?usp=drivesdk

https://www.academia.edu/45068857/EL_FUNDAMENTO_%C3%89TICO_DEL_UTILITARISMO_DE_JOHN_STUART_MILL




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