viernes, 24 de marzo de 2017

El Ser del Hombre Andino (Filosofía y Antropología)


EL CARÁCTER FILOSOFICO DEL PENSAR ANDINO

Por Santos Diamantino[1]



Hasta ahora se han dado diversos elementos de reflexión filosófica, sobre el pensar Andino. Sin embargo, muy pocos han indagado sobre el ser andino, o sobre aquel que se considera andino. La pregunta es un talante no resuelto, la incógnita por saber qué es lo andino, o, a qué se le llamaría andino, o a quién se le debería llamar andino, sigue en el imaginario del ser que reside en estos espacios geográficos de tierras altas.
Frecuentemente se lo ha reducido a lo geográfico, es decir; aquel ser humano que está ubicado en América del Sur y se caracteriza por vivir en una región montañosa (Cordillera de los Andes) con una altitud promedio de 4000 metros sobre el nivel del mar. Dicha región se extiende desde Venezuela, pasa por Colombia, Perú, Bolivia, hasta el norte de Chile y Argentina. Pero en el ámbito del problema epistemológico (los principios, fundamentos, extensión y métodos de conocimiento) indígena, este razonamiento no ha ayuda mucho. Lo geográfico puede, como no determinar el ser, o el modo de pensar del hombre que vive en el Ande. Su necesidad de supervivencia no es un ente determinante para que ese ser humano, sea lo que en el imaginario social se cree, o piensa que es.
Lo andino es mucho más que lo geográfico y étnico, es decir; como ente identitario, como concepción indigenista, o, como una aparente “raza” pura. Lo andino es más amplio desde la reflexión filosófica, no sólo es una connotación anamnética del pasado, o la idealización del pasado indígena. Lo andino supera cualquier “purismo” antropológico, o romanticismo etnológico, o creer que a partir de ciertos abordajes posmodernos de los “populares” estudios culturales, uno llega a entender lo que es ser andino.
Lo andino está presente en muchos elementos de la tradición aymara y quechua, como de la herencia humana. No obstante, tampoco se reduce a la misma, ya que hay una diversidad de manifestaciones culturales que no le son propios al mismo quechua y al mismo aymara. De ahí, la noción de herencia humana.
La complejidad de lo andino radica en que hay un escaso material bibliográfico del concepto mismo; dos, la misma conceptualización de lo andino para el mismo indígena es ajena (preguntemos a cualquier persona que vive en el ande ¿Qué es ser andino?, no habrá respuesta). Para el análisis filosófico, el saber andino, no se expresa por un concepto. Contiene una realidad mucho más amplia. Si se sometiese a la conceptualización, a lo técnico, metafísico, se estaría descuidando el ser del que vive en el Ande, y se estaría sometiendo a conocerlo y describirlo, que de alguna manera no es más que cosificarlo, como el mundo occidental ha venido haciendo en muchas cuestiones.
Pensar en el ser del andino, requiere eliminar juicios, categorías que lo lleguen a cosificar. El andino es un ser sin concepto, un ser trascendental y curioso de su futuro místico, es astuto, tímido, calculador, dialoga con lo que le rodea, respeta cuando le brindan lo mismo, defiende su ser a muerte cuando alguien quiere violar su intimidad, es introvertido, imagina y recrea mundos y cree en ellos, porque es un humano demasiado humano. Y esto, sólo es una noción, porque es más que lo descrito. Por eso, no es correcto reducirlo a un solo concepto (hombre que vive en el Ande); es bueno dejar ser, al ser lo que es, para pensar en lo andino. No es loable conceptualizarlo a partir de su residencia, o de su producción, o de su utilidad. Lo andino es un fenómeno multicultural, no limitado a un ente o área, porque es pensamiento vivo, con raíces históricas muy profundas. De ahí la sugerencia de una descolonización epistémica de nosotros mismos.
El pensar filosóficamente en lo andino, no te limita, porque no entra en las redes del lenguaje (preso de la gramática y la lógica). El pensar interroga desde lo fenomenológico, desde aquel acto mental de evitar realizar juicios de valor, o poner categorías, o ser ordenados jerárquicamente en lo conceptual. El pensar en lo andino, te invita aprender a ver las cosas prescindiendo de los nombres, lo andino en el imaginario epistemológico es más que un simple nombrar, es onomatopeya andante. Por eso el especialista antes de hacer un coloquio sobre lo andino, debe dejarse interpelar y luego interpretar por el Ande, sino, es un reflejo de occidente. La óptica de ver al Ande con ojos de occidente es un tanto errada, ya que las categorías indígenas, no son las mismas al del viejo continente.
La categorizaciones tienen que partir desde el mundo andino (aunque para algunos como Levy Bruhl, el pensamiento americano es primitivo, o simplemente etno-filosofías). No se puede seguir pensando, ser eco del viejo mundo, y a partir de ella querer fortalecerse espiritualmente. Ese no es el ser del pensar andino. La humanidad es libre, pero el ser del ande, tiene su particularidad y mencionarla sin antes haber experimentado es un error. No es fiable las posturas ideológicas de las que se tiene hoy como lo andino, de ese ser que vive en el Ande, ya que en muchas de sus apreciaciones, como dice S. Bondy (1978), este ser, tiene una conciencia enajenada y enajenante, es producto de una inautenticidad cultural, tienen una imagen superficial del mundo.
El carácter filosófico del andino no se aparta de la realidad de su pueblo, ni deja de comprometerse con la fe política y religiosa de su pueblo. Para el andino, las necesidades existenciales en común unidad son racionales, lógicos, sistemáticos, etc. El pensar especifico no se centra en la categorización conceptual, racional, analítica y sistemática de Occidente, sino, en la experiencia misma que tiene el ser que vive en el Ande. En palabras de Gunter Rodolfo (2003) se expresa en lo sacramental y celebrativo, aspectos en los que la realidad adquiere otras dimensiones, en palabras de Kusch  es una lógica de la negación.
Si se quiere pensar al ser de los Andes, es importante observarlo en las formas como en su realidad se manifiesta, en sus símbolos y simbolizaciones, y ese debería ser la labor del que vive en el ande, de aquella persona que se formó en estos ámbitos de la filosofía, y no creer y enarbolar banderas ajenas. Contemplarlo en su cotidianidad, en su ritualidad, en su movimiento, en su interrelación. Y no en el objetivo de querer teorizarlo todo el tiempo, sin pensar en sus manifestaciones humanas, es decir; en lo que los abuelos, las personas que aún viven en los campos hacen, que es escuchar la naturaleza, leer los tiempos, si va llover o no, conversar con las aves por si algún hermano va a venir a casa.
El pensar andino es más sintiente, su sensibilidad es más fina, su perspectiva es más afectiva. Y esto para el mundo occidental es irracional, para aquellos que se identifican con teorías del mundo occidental es mito, no real, fetichismo. Por eso no lo entienden y creen que no es posible una filosofía andina, “tal vez” una aproximación a la epistemología andina.



[1] Filósofo, Antropólogo y Músico. 

5 comentarios:

  1. Gracias hno, hay que seguir por la senda de la reflexión pensando en el bien común, no como algo exquisito sino como algo necesario y elemental. Un abrazo

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    1. Cierto. Es preciso y necesario reflexionar en torno a la toma de conciencia individual-colectiva, tanto historica, politica y filosofica; para que dejemos de aceptar esas reducciones o encasillamientos al andino en parametros extranjeros o con opticas occidentales. Que solo nos retrasan o dividen

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  2. El andino es un ser sin concepto, el pensar interroga desde lo fenomenológico. El pensar en lo andino te invita aprender a ver las cosas, es más que un simple nombrar, es onomatopeya andante. Si se quiere pensar, es importante observarlo.

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