La tesis central es que la ciencia y la política son esferas autónomas. El científico aporta claridad y hechos, mientras que el político aporta acción y decisión. Confundirlas es peligroso: un científico que juega a ser profeta corrompe la verdad, y un político que no asume la responsabilidad de las consecuencias de sus ideales es un peligro para el Estado.
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